No guardo muy buen recuerdo de los ejercicios de exteriorización, derivados de la psicología y autoayuda. Pero el otro día, en el tren de camino a la universidad, oía a un grupo de estudiantes hablar de sus miedos:
El que más estresado parecía, hablaba del pánico frente a la posibilidad de suspender muchas asignaturas (y "perder" un año de su vida repitiendo curso). Otra chica respondía con el típico "Que me sorprendan con un examen sin haberme acordado de estudiar". La tercera añadía un "No encontrar trabajo cuando acabe la carrera"...

Y entonces yo, frágil como soy, y sin poder evitarlo, empezé la inevitable discursión con mi mente.
Y pense que para mí, el mayor miedo en esta vida sería ver el dolor, el pánico, el temor, en los ojos de un ser querido, sin poder hacer nada para evitarle el sufrimiento. Mi mayor miedo sería ver que se aproxima algo devastador, un huracán aniquilante; y me hubieran atado en una silla, amordazado, desgarrándome las cuerdas vocales, sin poder avisar a quien más quiero. Mi mayor miedo sería un diluvio universal que lo arrasara todo y me dejara solo en este mundo, sin amigos, sin família, sin recuerdos...

Y me forzé a dejar de pensar, a girar la cara hacia la ventana, para que las cosas que pasaban y se perdían limpiaran mi mente; y la gente no viera las lágrimas que ya no encontraban sitio en mis ojos, y querían empezar a descender por las mejillas...